Ocho de la mañana regreso a cama luego de preparar el desayuno a mis hermanos. Nos hemos turnado a partir de hoy para ser responsables con nuestro desayuno. Realmente una acertada decisión de nuestros padres que diariamente nos cocinan el primer alimento del día y, encima, nos levantan, cuando en realidad nosotros mismos deberíamos ser responsables en esto.

La decisión viene de ayer, por la noche, cuando tuvimos una especie de conversación familiar. Una de esas que raras veces suceden y casi siempre son provocadas por algún malestar. El de esta vez fue motivada por mi hermana: el que ella tenga un enamorado “casado” (algo que ya conté en el post anterior), pero que fue más allá a saber, por el malestar general que viene provocando la mala actitud de mi hermana.

Hablamos, gritamos, discutimos sobre los hechos. No faltó el llanto y la desesperación de mi madre, el consuelo de mi parte (modesto, ¿no?), las amenazas de la hija, la sin razón que por varios momentos predominó y el silencio de aceptar cosas, seguido de la tarea de desmentir falsos rumores. Y por último la soberbia de mi hermana un poco consolada en el hecho que pronto se irá de casa para que la dejen vivir.

Sinceramente –tal como lo hice saber anoche-, ya somos mayores. Nuestros padres ya cumplieron con la responsabilidad que tenían en nosotros: nos dieron cobijo, educación, alimentos, etc. Así que a estas alturas nosotros (mi hermana y yo) somos como unos parásitos viviendo en casa de nuestros progenitores. No me quiero jactar de ser más independiente económicamente, pero creo que es la ley de la vida el que, tras la labor de los padres, con su formación y sus gastos en ello (incluyendo lo económico), viene la responsabilidad de cada uno de buscar salir adelante con sus meritos, sus fuerzas y no depender de los progenitores. Así es en la sociedad y eso es lo que creo que aún no ve mi hermana. Ella, una licenciada en comunicación, personalmente es una ingrata y mal agradecida. Caprichosa en muchos aspectos y poco dada a escuchar cuando le hablan. Error también tienen los padres que, como hice notar, no supieron tener autoridad con ella desde pequeña, dejando que sus caprichos sobresalieran y, queriéndola proteger de la calle, el mundo, buscaron “enjaularla” –como ella dice- no con muchos aciertos.

A estas alturas quieren corregir lo que bien se debe hacer desde mucho antes. La hija ya no es una nenita (en edad), sin embargo, algo de su conducta se ha quedado en esa época de adolescente rebelde que cree que siempre tiene la razón, y solo ve –como ella mismo dice-: ataques, por lo tanto tengo que defenderme, pero con argumentos, no como ustedes que desvarían diciendo mentiras”, refiriéndose a los desaciertos de mi madre para reclamarle: ¡La vez pasada llegaste a las 4 de la mañana! Exageración de mi madre al respecto llevada por el momento de tensión. A esto –y no sé porque terminé en una posición de intermediario-, hice ver a los padres que mi hermana ya no es una adolescente, así que para salir a fiestas no deberían actuar como si fuera la adolescente de antes.

Por el lado de la hija, quise que se ubique, que sepa en dónde está viviendo, y por tanto, que sepa que ella no es la dueña de casa. Que debe respeto a los padres y consideración a los demás miembros del hogar, al menos mientras siga viviendo en casa. “Tampoco es justo -le dije-, que te creas con derecho de aprovecharte de la buena voluntad de papá por ayudarte en momentos que, como tú dices, no tienes recursos para pagar estudios. Pero él ya no tiene obligación contigo y no seas mal agradecida pidiendo plata que no sea el instituto. Estudios, que por cierto, tu misma deberías pagar trabajando. Y eres vieja para eso.”

Después de mucho tiempo que converso de estos temas con mi hermana, motivado por los continuos enfrentamientos con los padres. Generalmente soy imparcial y espero que ella se sepa corregir manifestando mi desacuerdo cuando ella me observa. A veces resulta, a veces no. Pero esta vez quería decirle las cosas en cara, temiendo luego tome represalias o se las descobre con algo. La conozco se que actuaría así según su provecho, pero quise hacerlo, decirle sus verdades, al menos se que a mí me escuchará algo más que a mis padres.

Por cierto, respecto al fulano tal con quien mi hermana está saliendo, fue desmentido por ella. Disque son amigos, pero aún no se por qué no le creo. Y varias veces la he notado rara. Solo espero sepa darse su lugar, por que ya para sermones y advertencias estamos cansandonos.

Por otro lado, hubo un momento, ya rato después en cama, en que me sentía un hipócrita, porque junto con mis padres juzgamos a mi hermana y no estoy libre de culpa a saber: provocaría malestar a mis padres, sobre todo a mi madre, el hecho de saber que su hijo está con una protestante. Si, se que son prejuicios familiares, pero me afectan, al menos mientras viva aún en caa de mis padres. Pero soy más prudente en eso. eso creo...