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Terra
La Coctelera

mi comunicacion no vale mucho laboralmente

Yo un comunicador incomunicado son su cartón de bachiller, cuya timidez no lo deja expandir sus horizontes. Centrado en la “comunicación gráfica”, gracias a la cual consigue para el pan de cada día, pero aún inconforme por su inestabilidad laboral.

¿De free lance vivirás por siempre? Anda pensándotelas mijo... Pero es lo que me gusta, aunque no haya estudiado para diseñador ni, mucho menos, para ilustrador, pues la universidad no me lo enseñó, lo aprendí de la vida. Sólo se que me gusta hacer lo que hago, porque desde infante fui muy fijón en las caricaturas y los dibujos animados de la tele, los cuales buscaba recrear. Aficionado al comics, aunque en mi pueblo nunca, o casi nunca, hasta la actualidad, llegan buenas revistas del comics, conformándome con mirar retazos por internet. ¡Bendita red mundial de información!

Mi fijación en la sola imagen como medio para comunicar me ha limitado a esta área de mi profesión (comunicación gráfica, ¿recuerdan?), para la cual no hay oferta laboral en esta ciudad. Puedes ser periodista, relacionista público, marquetero, asesor de imagen, etc., etc., pero no un simple comunicador que hace solo dibujitos y diseña eventualmente, pues esto no tiene mucho valor profesional. Soy un pelele buscado en ocasiones para satisfacer las necesidades de difusión y creación de material didáctico, la creación de personajes que otros no saben hacer y menosprecian como insignificancias y de poco valor monetario, la estructuración y armonía de formas y colores para dar vida a productos de comunicación gráfica...

Tendréis que irte a otros lados. ¡Tal vez! ¿Y cómo está tu situación académica? Por los suelos. No fui el mejor de los estudiantes, sólo me interesé por lo que hago y en eso estoy, aunque si confieso que me gusta la investigación periodística, el discernimiento y tantito de la afición filosófica, gracias a la universidad. Tampoco terminé bien mi carrera. Con las justas salí y algo tarde porque desde temprano empecé a trabajar para culminar mis estudios, lo cual perjudicó mis calificaciones. A esto se puede sumar algo que dijeron de mí: que tiendo a distraerme y que no separo del todo lo emocional de mis obligaciones. “Es que eres muy sensible” –me dicen algunos-. Pues entonces ya no quiero serlo.

Entonces, ¿acaso debo dejar de analizar el mundo, la vida, los sueños, al hombre, la historia, las culturas, las religiones, la búsqueda de la verdad, la fe? ¿Debo dejar de hacerme un mundo por las injusticias, la visión global de los problemas que se observa a través de los medios tecnológicos, siendo estos a veces usados también en detrimento de otros hombres, y todo esto, dejarlo para no distraerme?... Creo que me costaría dejarlo por que me interesa, no sé por qué. Ya parezco Mafalda de Quino con su constante preocupación del mundo, aunque, en mi caso, sin hacer casi nada, solo conformándome con el hecho de buscar, conocer por mi cuenta, profundizar en algunos casos y tratar de dar con las causas y consecuencias cuando me es de interés el asunto, o simplemente meditar y, por último orar y, si es posible, ayudar.

¿Terrenal o espiritual?

Estoy abatido, echado al abandono, a mi suerte. El estar entre dos opciones, dos formas de vida está poniéndome más débil, ahogando la poca resistencia que aún queda en mí. Se que soy el culpable de mis pesares. Dije querer probar, experimentar, “podré controlarlo antes que salgan mal las cosas”, presumí.

Ahora estoy sin el ánimo de vivir, dando a medias en mis cosas, en mis obligaciones sin que nadie lo sepa. Solo yo soy el reponsable y yo soy el que debe superarlo. Sin embargo necesito ayuda. Dios mío, tanto me he alejado de tí que hasta mi conciencia está debil, ya casi no la siento hacerme daño todo el día repitiéndome que hice mal, ahora es simplemente la sensación de vacío, el “me da igual todo”, sea bueno o sea malo; la insensibilidad a los demás, porque ahora solo importo yo, aunque no tenga fuerzas para echar a andar el carro de mi vida, aunque no cuente con empuje en mi voluntad.

Y sin embargo, tampoco soy yo el único, sino la persona que me acompaña en todas mis andanzas. Ella, por quien desciendo a la tierra, o mejor dicho caigo, después de temporadas en el cielo. Ella por quien doy casi todo, procurando ser un ser vivo que siente que vive en este mundo con ella.

En más de una ocasión he querido llevarla conmigo a esa otra vida pero no sé como hacerlo, como invitarla, solo ruego en mis meditaciones para que descubra que hay esa otra vida, donde también uno se siente vivo y casi con gozo. Es extraño, pero esa otra realidad existe, aunque para muchos, muchísimos no, simplemente porque no la conocen, o no se les ha dado, o no se por qué motivo. Tampoco la pedí yo, sólo se que tengo esa tendencia. Eso es, una tendencia que me aferra a algo bonito, aunque a veces se me esconde y yo le busco con más insistencia, entonces descubro que siempre está allí, solo que mis pesares y preocupaciones no me dejan verlo.

¿Qué he de hacer? Me estoy dando cuenta que me hago daño y que tampoco ayudo mucho a mi acompañante. ¿Acaso será mi compañera de por vida? Ya casi lo estoy dudando. Tengo tenporadas en que quiero simplemente estar solo, como hoy, donde sea yo y solo yo nada más, sin importar preocuparme además en otra persona. ¿Acaso ahora me estaré volviendo egoista por pensar solo en mí?

Lo único que se es que quiero sanar esa llaga de mi alma provocada no sé si por mi desorden en la ración de comida vivencial, exceso tal ves en una de las dos partes: o la terrenal o la espiritual. ¿Es que acaso no se puede conseguir un punto intermedio?

Perdonanos Dios por ser malos hijos...

Ocho de la mañana regreso a cama luego de preparar el desayuno a mis hermanos. Nos hemos turnado a partir de hoy para ser responsables con nuestro desayuno. Realmente una acertada decisión de nuestros padres que diariamente nos cocinan el primer alimento del día y, encima, nos levantan, cuando en realidad nosotros mismos deberíamos ser responsables en esto.

La decisión viene de ayer, por la noche, cuando tuvimos una especie de conversación familiar. Una de esas que raras veces suceden y casi siempre son provocadas por algún malestar. El de esta vez fue motivada por mi hermana: el que ella tenga un enamorado “casado” (algo que ya conté en el post anterior), pero que fue más allá a saber, por el malestar general que viene provocando la mala actitud de mi hermana.

Hablamos, gritamos, discutimos sobre los hechos. No faltó el llanto y la desesperación de mi madre, el consuelo de mi parte (modesto, ¿no?), las amenazas de la hija, la sin razón que por varios momentos predominó y el silencio de aceptar cosas, seguido de la tarea de desmentir falsos rumores. Y por último la soberbia de mi hermana un poco consolada en el hecho que pronto se irá de casa para que la dejen vivir.

Sinceramente –tal como lo hice saber anoche-, ya somos mayores. Nuestros padres ya cumplieron con la responsabilidad que tenían en nosotros: nos dieron cobijo, educación, alimentos, etc. Así que a estas alturas nosotros (mi hermana y yo) somos como unos parásitos viviendo en casa de nuestros progenitores. No me quiero jactar de ser más independiente económicamente, pero creo que es la ley de la vida el que, tras la labor de los padres, con su formación y sus gastos en ello (incluyendo lo económico), viene la responsabilidad de cada uno de buscar salir adelante con sus meritos, sus fuerzas y no depender de los progenitores. Así es en la sociedad y eso es lo que creo que aún no ve mi hermana. Ella, una licenciada en comunicación, personalmente es una ingrata y mal agradecida. Caprichosa en muchos aspectos y poco dada a escuchar cuando le hablan. Error también tienen los padres que, como hice notar, no supieron tener autoridad con ella desde pequeña, dejando que sus caprichos sobresalieran y, queriéndola proteger de la calle, el mundo, buscaron “enjaularla” –como ella dice- no con muchos aciertos.

A estas alturas quieren corregir lo que bien se debe hacer desde mucho antes. La hija ya no es una nenita (en edad), sin embargo, algo de su conducta se ha quedado en esa época de adolescente rebelde que cree que siempre tiene la razón, y solo ve –como ella mismo dice-: ataques, por lo tanto tengo que defenderme, pero con argumentos, no como ustedes que desvarían diciendo mentiras”, refiriéndose a los desaciertos de mi madre para reclamarle: ¡La vez pasada llegaste a las 4 de la mañana! Exageración de mi madre al respecto llevada por el momento de tensión. A esto –y no sé porque terminé en una posición de intermediario-, hice ver a los padres que mi hermana ya no es una adolescente, así que para salir a fiestas no deberían actuar como si fuera la adolescente de antes.

Por el lado de la hija, quise que se ubique, que sepa en dónde está viviendo, y por tanto, que sepa que ella no es la dueña de casa. Que debe respeto a los padres y consideración a los demás miembros del hogar, al menos mientras siga viviendo en casa. “Tampoco es justo -le dije-, que te creas con derecho de aprovecharte de la buena voluntad de papá por ayudarte en momentos que, como tú dices, no tienes recursos para pagar estudios. Pero él ya no tiene obligación contigo y no seas mal agradecida pidiendo plata que no sea el instituto. Estudios, que por cierto, tu misma deberías pagar trabajando. Y eres vieja para eso.”

Después de mucho tiempo que converso de estos temas con mi hermana, motivado por los continuos enfrentamientos con los padres. Generalmente soy imparcial y espero que ella se sepa corregir manifestando mi desacuerdo cuando ella me observa. A veces resulta, a veces no. Pero esta vez quería decirle las cosas en cara, temiendo luego tome represalias o se las descobre con algo. La conozco se que actuaría así según su provecho, pero quise hacerlo, decirle sus verdades, al menos se que a mí me escuchará algo más que a mis padres.

Por cierto, respecto al fulano tal con quien mi hermana está saliendo, fue desmentido por ella. Disque son amigos, pero aún no se por qué no le creo. Y varias veces la he notado rara. Solo espero sepa darse su lugar, por que ya para sermones y advertencias estamos cansandonos.

Por otro lado, hubo un momento, ya rato después en cama, en que me sentía un hipócrita, porque junto con mis padres juzgamos a mi hermana y no estoy libre de culpa a saber: provocaría malestar a mis padres, sobre todo a mi madre, el hecho de saber que su hijo está con una protestante. Si, se que son prejuicios familiares, pero me afectan, al menos mientras viva aún en caa de mis padres. Pero soy más prudente en eso. eso creo...

Mamá, no sé cómo ayudar...

Mamá está preocupada. Desde hace tiempo que no la veía tan dolida, nuevamente por uno de sus hijos: esta vez es por mi hermana.

“Quiero que se pongan fuertes con su hermana y traten de hablar con ella. Yo ya no sé qué hacer. Me han contado que está saliendo con un hombre casado, el tal Martín que antes la llamaba al teléfono de casa, ahora la llama de frente a su celular que por cierto él mismo le ha dado. Yo estoy prohibida de tener cóleras por mi enfermedad y no aguanto más a esa muchacha. No hace nada aquí, es atrevida y no respeta a nadie, y encima exige, cuando nosotros ya no tenemos responsabilidad con ella por ser mayor y cuando ya le dimos todo para salir adelante (ya terminó la universidad), es el colmo que ahora aprovechándose de la buena voluntad de su padre de ayudarla por que ella no tiene, venga a exigir dinero para una u otra cosa del instituto que ella bien podría pagar trabajando (podría trabajar y estudiar)

Tu padre es el que la tiene así, y él es responsable de mal acostumbrarla a que le den todo. Ni siquiera se pone a trabajar para pagar sus pasajes, dinero que por cierto debería dársele a tu hermano último y no a ella. Es una sinvergüencería de su parte, un descaro (llanto) y ya no aguanto. Lo siento pero me voy a tener que ir por que no encuentro paz, que me perdonen pero lo haré de seguir las cosas así. Es el colmo que paguen así, muchachos viejos y mal agradecidos…”

Con sincero pesar, tengo que reconocer que los excesos de mi hermana son descarados y afectan a todos. Mi madre ha soportado tantas humillaciones por boca y comportamiento de sus hijos. Yo me incluyo, porque en su momento, yo fui el responsable de llantos y reclamos de mi madre, al estar con una muchacha de otra fe. No se si fue por lo de la diferencia de credos entre esa ex enamorada y yo que tenía problemas con mi madre o por que no veía conveniente que su hijo, un universitario, se enredase con alguien que supuestamente no estaba a mi altura (no estudiaban, no tenían cultura, etc, etc, etc). A esto se sumaba los chismes y diretes de muchas vecinas, al estilo de paparazzis que andan en busca del chisme para hacer escándalo, que por cierto, llega a oídos de mi madre y que repercute en casa. A veces (y ha pasado ya) no son verdades, pero la gente es muy mal intencionada.

En este caso, mi hermana se está colocando la soga al cuello. Creo que hay un límite, por muy razonable que sean las posturas de una relación, pero mi hermana hace tiempo que pasó ese límite.

Francamente me he hecho el de la vista gorda porque no me gusta meterme en la vida de mis hermanos, así como no me gusta que se vuelvan a meter en la mía, pero la familia es la familia, y mientras uno siga viviendo en casa de sus padres, por lo menos tiene que tener un poco de consideración y cierto respeto, no descaro para no ofender ni provocar escándalo.

Tampoco soy nadie para juzgar las decisiones de mis hermanos porque yo mismo no estoy libre de culpa (en el dolor a mi madre), ya que actualmente temo provocar más dolor con mi relación: tengo una relación con una muchacha de otra fe nuevamente. Eso sería un nuevo escándalo en la familia, aunque esta vez lo considere diferente, porque es una mujer estudiosa, y que verdaderamente me ama. Claro que no estoy contando con los posibles prejuicios de mi madre sobre la diferencia de credos. Pues de ser así, es una posibilidad que sea un nuevo sufrimiento en casa porque los chismes no se harán esperar.

Así que con esto, no me siento acto como para refutar o decir nada a mi hermana. Eso es lo peor, por que yo mismo siento que oculto algo que bien podría ser la causa de más sufrimiento.